Yo no miento. No miento ni digo malas palabras, señor lector, pero en algunas noches calurosas -como ésta- las ficciones me ayudan a sobrevivir. Mejor dicho, son lo único que me salva. A pesar de ese innegable hecho, ya han pasado algunos meses desde la última vez que me senté a mentir, digo, a escribir. Usted sabrá disculparme, estaba enamorad@, ya le habrá sucedido: el tiempo se mueve a su antojo y cuando se quiere acordar tiene un anillo colgando en alguna parte del cuerpo. Pero yo no, todavía no, no así. Lo que perdí -y cómo lo perdí- no tiene nada que ver con eso. Para qué se lo cuento, entonces. Se lo cuento porque ése fue el comienzo, porque sigo confiando en que toda historia que empiece por el amor terminará en el mismo lugar, o al menos en la búsqueda de él, que no es una empresa a la cual se deba subestimar...
Que tengo mil inicios de historias y ningún final.
lunes, 4 de marzo de 2013
Ingrafiable
La posibilidad de ser
todo, se perdió entre
miedos al sol y alegrías
oscuras, pendulares,
amores no deseados,
amores no deseados,
desconfianza en frascos,
la incómoda espera.
A la distancia
la incómoda espera.
A la distancia
en cielos brillantes
inmensos, inestables
intentaron otra vez
encontrar consuelo.
Se analizaron lúcidos,
ella puro deber;
ella puro deber;
se debatieron molestos,
él no querer ceder.
Incompatibles puentes
Incompatibles puentes
se acusaron por igual:
cobarde silencio y
lágrimas desmedidas.
Él le pidió su tinta,ella le rogó su sangre.
Si podrían amarse,
preguntaron susurrando.
No hubo respuesta.
Proyecto terminado, corregido y a publicar =)
jueves, 22 de noviembre de 2012
Vacío
Cuando se despertó esa mañana, instantáneamente supo que le faltaba el estómago. Se había ido a dormir con un cuerpo completo y ahora le faltaba un órgano. ¿Qué tenía que hacer? Se vistió despacito por las dudas, aunque no le dolía nada, y enfiló para el hospital. Cómo se los iba a explicar, pensaba, pero le preocupaba más el porqué. Cuatro cuadras, nomás, hasta que entró a la guardia con semejante cara de susto que la chica detrás del mostrador lo hizo pasar en quince minutos a una salita blanca con una camilla pequeña. Cuando apareció un muchacho jovencito con una bata también blanca, se lo dijo en un susurro: "No tengo estómago." El joven se paralizó y lo miró fijamente a los ojos, tratando de descubrir si esas palabras tenían algo de veracidad o si ya tenía que ir a decirle a la enfermera que llamara a los de psiquiatría, que había caído otro loco de ésos de los viernes. "Me falta el estómago" repitió en un tono más severo, tratando de imprimir algo de fuerza en esas palabras que marcaban lo imposible. El joven al fin sonrió. "sí señor, enseguida llamo a la enfermera para que empiece con los estudios" le contestó tranquilamente, confiando en el próximo diagnóstico de alguna patología mental.
Pero casi como por casualidad estaba de guardia esa noche Carla, la chica alegre que había trabajado con él en el restaurant durante pocos meses, y que se había recibido de enfermera poco tiempo despuès de que cayera bromatología y mandara al dueño a la cárcel; la vio por un resquicio de la puerta y pidió hablar con ella. Se sintió aliviado cuando la vio entrar: su historia quizás fuese ahora tomada en serio, y pudieran al menos ayudarle a pasar la noche. Ella pareció interesarse, no demasiado: claramente ofreció una salida liviana, el estrés y que María lo dejara una semana atrás podían llevarlo a somatizar tan fácilmente, hoy en día todos tenemos estas recaídas y vos sabés. Como no podía dejarlo pasar, por las dudas le hizo una receta para una ecografía, no porque creyera que fuesen a encontrar algo pero quizás una úlcera, algo que justificara ese sentir.
El que sí quedó boquiabierto fue el ecografista, cuando el martes a las seis de la tarde se sentó en su banqueta esperando que se hicieran las ocho para irse a casa porque su mujer le había prometido cocinar lasagna, y en vez de un estómago ulceroso se encontró con el vacío. Sí, literalmente, un vacío en medio del cuerpo, como si estuviera mirando a un paciente que espera un transplante, sólo que éste estaba aparentemente sano y moviéndose por el frío que le causaba el gel en la panza. Un horror, una mutación horrible de la naturaleza, pensó, aunque en cuestión de segundos se le ocurrió que podría escribir un artículo sobre este hombre si se le asignara el caso; el hospital ganaría fama y él se llenaría de dinero. Se le llenó la boca de agua al mismo tiempo que se acordaba de la lasagna y firmaba una orden para la internación urgente del paciente 225: "El hombre sin estómago" titularía el diario del jueves, y él orgulloso daría entrevistas para confirmar el hallazgo, como si ese cuerpo no tuviera un dueño pensante y fuese una especie nueva que había que catalogar.
Nada de lo que estaba pasando era su elección: mejor dicho, había sido elección de su estómago irse, y èl no habìa podido impedirlo, ni siquiera averiguar las causas. Sospechaba que tenìa algo que ver con la olla de carne podrida que encontró detrás de las botellas de gaseosa. El estado de putrefacción era tal que el olor inundó la casa como una ola que ni siquiera el gato del vecino pudo esquivar. El vómito lo atravesó apenas intentó sacar la bolsa al basurero de la calle. Las náuseas lo invadieron hasta muy entrada la noche, suficiente como para causarle pesadillas, a pesar de los doce sahumerios que prendió en un intento desesperado por olvidar lo que había visto (y que lo hicieron estornudar sin control, y también soñar con un mundo pudriéndose entre asquerosidades animales y humanas). Pero no le parecía suficiente para que un estómago quisiera fugarse: lo había maltratado en ocasiones anteriores y jamàs habìa escuchado de algo semejante.
(Continuarà)
Pero casi como por casualidad estaba de guardia esa noche Carla, la chica alegre que había trabajado con él en el restaurant durante pocos meses, y que se había recibido de enfermera poco tiempo despuès de que cayera bromatología y mandara al dueño a la cárcel; la vio por un resquicio de la puerta y pidió hablar con ella. Se sintió aliviado cuando la vio entrar: su historia quizás fuese ahora tomada en serio, y pudieran al menos ayudarle a pasar la noche. Ella pareció interesarse, no demasiado: claramente ofreció una salida liviana, el estrés y que María lo dejara una semana atrás podían llevarlo a somatizar tan fácilmente, hoy en día todos tenemos estas recaídas y vos sabés. Como no podía dejarlo pasar, por las dudas le hizo una receta para una ecografía, no porque creyera que fuesen a encontrar algo pero quizás una úlcera, algo que justificara ese sentir.
El que sí quedó boquiabierto fue el ecografista, cuando el martes a las seis de la tarde se sentó en su banqueta esperando que se hicieran las ocho para irse a casa porque su mujer le había prometido cocinar lasagna, y en vez de un estómago ulceroso se encontró con el vacío. Sí, literalmente, un vacío en medio del cuerpo, como si estuviera mirando a un paciente que espera un transplante, sólo que éste estaba aparentemente sano y moviéndose por el frío que le causaba el gel en la panza. Un horror, una mutación horrible de la naturaleza, pensó, aunque en cuestión de segundos se le ocurrió que podría escribir un artículo sobre este hombre si se le asignara el caso; el hospital ganaría fama y él se llenaría de dinero. Se le llenó la boca de agua al mismo tiempo que se acordaba de la lasagna y firmaba una orden para la internación urgente del paciente 225: "El hombre sin estómago" titularía el diario del jueves, y él orgulloso daría entrevistas para confirmar el hallazgo, como si ese cuerpo no tuviera un dueño pensante y fuese una especie nueva que había que catalogar.
Nada de lo que estaba pasando era su elección: mejor dicho, había sido elección de su estómago irse, y èl no habìa podido impedirlo, ni siquiera averiguar las causas. Sospechaba que tenìa algo que ver con la olla de carne podrida que encontró detrás de las botellas de gaseosa. El estado de putrefacción era tal que el olor inundó la casa como una ola que ni siquiera el gato del vecino pudo esquivar. El vómito lo atravesó apenas intentó sacar la bolsa al basurero de la calle. Las náuseas lo invadieron hasta muy entrada la noche, suficiente como para causarle pesadillas, a pesar de los doce sahumerios que prendió en un intento desesperado por olvidar lo que había visto (y que lo hicieron estornudar sin control, y también soñar con un mundo pudriéndose entre asquerosidades animales y humanas). Pero no le parecía suficiente para que un estómago quisiera fugarse: lo había maltratado en ocasiones anteriores y jamàs habìa escuchado de algo semejante.
(Continuarà)
lunes, 19 de noviembre de 2012
Eleonora
Ella sigue creciendo en mi inconsciente. Qué me importa entonces la paranoia de los viernes, el estrés y las pastillas, si en cada sueño que pueda se me va a aparecer. No comprendo qué es lo que busca de mì. Bueno, en realidad sí lo sé, pero no tengo ganas de admitírselo, porque con esa sonrisa de pìcara, que claramente copió de vos, me puede sacar hasta las ganas de levantarme. No me agrada que me invadan los sueños, pero ella no me pide permiso. La amé desde siempre, y sigue volviendo sólo por eso. Sigue apareciendo una y otra vez, intermitentemente, con sus cintas blancas en el pelo, caminando siempre delante de mí. Y vos a mi lado, claro, porque a ninguno se le daría por correrla: estamos demasiado ocupados mirándonos a los ojos como para prestarle atención y lo sabe, se aprovecha de eso, corre, canta, nos rodea y sigue viaje. Como un monstruito burlón, surgiendo de un pasado infantil, de la revancha de este tiempo muerto, inexistente fantasma viene a patearme el deseo, a desafiarme con un berrinche. No eres real, Eleonora: tú lo sabes y yo también. Déjame descansar hoy, y mañana, y los próximos cinco años: quizás entonces te dé una cita con mi terapeuta, sólo una, para que las palabras pronunciadas a la luz del diván te empujen hacia un lado u otro de una vez por todas.
lunes, 10 de septiembre de 2012
(fr) agile
Lucas se piensa un boludo, un boludo por dejarse ser tan vulnerable. Concluye que debería ser más cuidadoso con lo que le pide al universo; él quiso un huracán y se lo trajeron. Ahora está agarrado de un poste de luz tratando de que no se le salgan las zapatillas. Era más fácil patear piedras, y quejarse de ellas.
Sólo Chopin podría calmarlo un poco, después del choque de temporalidades arbitrarias que lo tuvo lloriqueando todo el día, aparte del viento en contra, claro. Pero cómo calzarse los auriculares cuando la lluvia lo punza tan fuerte que apenas puede abrir los ojos; el mp3 estará en su bolsillo, si es que no se lo llevaron las aguas ya. Aparentemente algún otro idiota habrá pedido la luna (seguro para regalársela a una amante infiel, que no la supo apreciar) y el universo decidió cumplirles a ambos el deseo, porque la oleada está cada vez más cerca de arrastrarlo, de resbalarle las manos, de dejarle en claro que es un boludo por haber deseado algo tan destructivo. Podría haber buscado un punto medio, pero no: había demasiados paralelismos rondándolo, y no tuvo mejor idea que ponerse en extremista y enfrentar el movimiento de frente, así con toda la jeta, a pesar de no saber nadar, ni qué hacer en caso de una catástrofe natural. Mira los pedazos de árboles que pasan flotando entre sus piernas, de vez en cuando alguna cafetera, una muñeca rota. No hay nada que pueda hacer, se queda ahí aferrado al poste como si lo hubieran atado con correa, esperando que pase algún amable señor en bote y le ofrezca un café, o un licor al menos, porque se le están enfriando los pies y no sea cosa que pesque un resfrío, después los baños de vapor por la fiebre, no sea cosa que.
http://www.youtube.com/watch?v=MPvS0g2papI
Sólo Chopin podría calmarlo un poco, después del choque de temporalidades arbitrarias que lo tuvo lloriqueando todo el día, aparte del viento en contra, claro. Pero cómo calzarse los auriculares cuando la lluvia lo punza tan fuerte que apenas puede abrir los ojos; el mp3 estará en su bolsillo, si es que no se lo llevaron las aguas ya. Aparentemente algún otro idiota habrá pedido la luna (seguro para regalársela a una amante infiel, que no la supo apreciar) y el universo decidió cumplirles a ambos el deseo, porque la oleada está cada vez más cerca de arrastrarlo, de resbalarle las manos, de dejarle en claro que es un boludo por haber deseado algo tan destructivo. Podría haber buscado un punto medio, pero no: había demasiados paralelismos rondándolo, y no tuvo mejor idea que ponerse en extremista y enfrentar el movimiento de frente, así con toda la jeta, a pesar de no saber nadar, ni qué hacer en caso de una catástrofe natural. Mira los pedazos de árboles que pasan flotando entre sus piernas, de vez en cuando alguna cafetera, una muñeca rota. No hay nada que pueda hacer, se queda ahí aferrado al poste como si lo hubieran atado con correa, esperando que pase algún amable señor en bote y le ofrezca un café, o un licor al menos, porque se le están enfriando los pies y no sea cosa que pesque un resfrío, después los baños de vapor por la fiebre, no sea cosa que.
http://www.youtube.com/watch?v=MPvS0g2papI
lunes, 3 de septiembre de 2012
Gestación
Ser sólo un cuerpo
Yaciendo a tu lado.
Una imagen extraña
Sin pensamiento.
Nueve meses de histeria y parimos ésto. Miradas fijas en un rostro que no es más que otra cara del dodecaedro. Me invitaste a probarme tus espejos, y lo hice: tan humana me sentí, tan pequeña, tan palabra vacía. Aunque no sea sólo la noche, desconozco la oscuridad en tus marcas. Y si necesito encontrar tu música para conocerte, ¿dónde la encuentro?. ¿Cómo dejar de recordar tu aliento en mi espalda, si tus dedos se sintieron como agujas en mis venas enloquecidas? Si sos un alquimista de pensamientos, ¿cómo evitar que tus mordidas -dulzura asesina- me atraviesen la piel y la mente? Destrozaré este cuerpo para recomenzar otro, sin promesas, transmutación que requiera de tu intervención física, no tu juicio; tus anomalías lingüísticas incitándome a literaturizarlo todo, hasta el fuego que abandonaste acá sobre mi ombligo.
El error era vivir el amor con culpa.
Yaciendo a tu lado.
Una imagen extraña
Sin pensamiento.
Nueve meses de histeria y parimos ésto. Miradas fijas en un rostro que no es más que otra cara del dodecaedro. Me invitaste a probarme tus espejos, y lo hice: tan humana me sentí, tan pequeña, tan palabra vacía. Aunque no sea sólo la noche, desconozco la oscuridad en tus marcas. Y si necesito encontrar tu música para conocerte, ¿dónde la encuentro?. ¿Cómo dejar de recordar tu aliento en mi espalda, si tus dedos se sintieron como agujas en mis venas enloquecidas? Si sos un alquimista de pensamientos, ¿cómo evitar que tus mordidas -dulzura asesina- me atraviesen la piel y la mente? Destrozaré este cuerpo para recomenzar otro, sin promesas, transmutación que requiera de tu intervención física, no tu juicio; tus anomalías lingüísticas incitándome a literaturizarlo todo, hasta el fuego que abandonaste acá sobre mi ombligo.
El error era vivir el amor con culpa.
Decirte
que te estuve esperando
que siempre te espero
que no estoy paranoiqueando
que te quiero ver
que necesito que me mires a los ojos
que me tengas asì, enredada a tu cuerpo
que apagues el telèfono
que te olvides del mundo
que te quedes sólo conmigo
que tomes de mì lo que quieras
que te agotes y me agotes
que me arranques lo que nunca me atreví a darte
que descubras lo que estuve conteniendo
que me pidas lo que buscàs
que te dejes ganar, sòlo esta vez
que te pierdas en mis manos
que me dejes jugar con tu deseo
que me veas hundirme en vos
que no cierres los ojos
que me enseñes
que te acerques despacio
que me toques y te toques
que me mimes
que me permitas mimarte
que me des una oportunidad
para mostrarte lo mejor de mí,
para darte las palabras correctas,
para que te regale toda mi dulzura
toda mi lujuria
y nada más.
martes, 7 de agosto de 2012
Estados nocturnos
Llueve, y les tengo miedo a los truenos. Me pregunto si será posible evadir la cuota de pasivo-agresividad que viene con el amor, que parece imposible evitar. Será necesario este invierno pasar en estado de inconsciencia. Entonces prefiero ponerme los auriculares al máximo volumen, no pensar en el futuro por un rato: la ventana se está llenando de gotitas luminosas, y de a poco se van borrando más recuerdos.
http://www.youtube.com/watch?v=PYVjetrr9yM
http://www.youtube.com/watch?v=PYVjetrr9yM
domingo, 5 de agosto de 2012
Lemon pie on a belly button
Escucho tu música y no sabés lo que se teje detrás, lo que crece desde tus huellas pasadas. El mundo en el que nos atoramos es demasiado pequeño. ¿De dónde salió esa historia? De un discurso que ni siquiera comenzó y ya es una omisión. Porque no pude volver a escribir una carta desde que la primera me dijo que había quemado todas -más de cien- en un ritual nocturno: no quise que jugaran con mis palabras, nunca más. Sólo yo tengo derecho a incinerarlas. Sólo yo elijo cuándo hacerlas desaparecer (y ese deseo me persigue).
Volvió la niebla a mi ventana. Hay libros por todas partes. Estoy sola.
Volvió la niebla a mi ventana. Hay libros por todas partes. Estoy sola.
domingo, 29 de julio de 2012
Pared (verano)
Veinte días sin terapia y caí en la cuenta de que había demonizado el fin del invierno y la primavera indecisa. Entonces apareciste vos. Febrero, calor, remera blanca y lentes negros, pura imagen y el detonador en la mano listo para estallar. No esperaste a que me calle para tirarte a mi boca, y en una tarde nos olvidamos de los preámbulos, la histeria, el pavoneo para la conquista. No había palabras, no servían de nada, porque en esos cinco segundos en los que me detuve en tus ojos, entendiste que mis balas de plata te estaban haciendo una pregunta más que certera, que no hizo falta contestar. Tampoco querías contestarla. Eso era todo, ni un poco más ni un poco menos: una brecha de vacaciones, y la complicación de un sentir hubiera arruinado la búsqueda de la saciedad momentánea. Me quedé un rato largo mirando la pared blanca, tratando de que mi mente quedara así también. Los cuerpos rotos no ayudaron en nada; sabía que no volvería a verte. Pero seguís ahí, observándome, desde afuera, sin hacer un movimiento.
miércoles, 25 de julio de 2012
Plaza (primavera)
Nos encontrábamos en el mismo lugar, "nuestro" banco de la plaza, cada vez que podíamos. Todavía no te había regalado tu otro nombre, pero cada roce era motivo de cachetes colorados y disculpas sin sentido; ya teníamos códigos aunque sólo nos habíamos dado unos pocos besos. Ese día te vi llegar con tu camisa marinera y una sonrisa de oreja a oreja, tu saludo tímido -un lugar público, nos hubiera traído problemas, andar de trampa y tu familia y todo lo que cayó fuera de tiempo-. Te sentaste un poco lejos, con la mochila en medio, como si un objeto tan inerte pudiera frenar el quilombo hormonal que nos pasaba por adentro, que me aceleraba el corazón si te descubría mirándome fijamente. Hablamos un rato, pavadas que traslucían ganas de sentirnos cerca, la facu, gustos en común, el clima; el sol nos alcanzaba desde la esquina, te cruzaba un ojo, ya me había sentado de frente para poder mirar tu boca, y de repente, la ráfaga inesperada y la lluvia de florcitas violetas. Miraste hacia arriba y alzaste las manos para cazar alguna, sorprendida de que el cielo nos hiciera un regalo, nos diera su bendición tan pronto, y la luz te llenó de puntitos luminosos que a mí se me hicieron mágicos. Creo que el tiempo se detuvo un instante en la comisura de tus ojos. Esa fue la señal: tenía que reconocer que me estaba llenando de sueños otra vez, que te acercabas a mí con la fuerza de un imposible. Te convertiste en todo y eso, por supuesto, nos llevó a la nada.
domingo, 15 de julio de 2012
miércoles, 4 de julio de 2012
Colectivo (invierno)
La luna estaba increíble esa noche. Tenía un color anaranjado con destellos rojizos que nos tenía embobadas mientras la mirábamos por la ventanilla del colectivo. Me corrí de mi asiento para apoyar mi cabeza en tu hombro y que me abrazaras. Volvíamos de la casa de tu viejo, era la primera vez que nos veía juntas y yo estaba un poco desanimada porque creía no haber causado una buena impresión. Pero ninguna de las dos dijo una palabra durante todo el viaje, que se hizo un poco más largo de lo usual; el tiempo se alargaba y la luna se agrandaba, más y más. Parecía que quería decirnos algo, que le dolía alguna parte, que estaba sangrando y necesitaba una curita. Deseé que ese recorrido por la autopista no se terminara nunca, que siguiéramos toda la noche abrazadas frente a ese cielo que se nos venía encima a cada rato, para quedarme escuchando tu respiración y la mía perfectamente al unísono, porque entre nosotras siempre funcionó mejor el silencio, porque en ese momento estábamos suspendidas entre nuestro propio tiempo líquido y el asiento tapizado de gris. Pero ayer te crucé en la calle y corriste la mirada para no saludarme.
Ventana (otoño)
La lluvia se volvió más y más frecuente desde que nos encontramos. Recuerdo miles de detalles de esa noche de otoño en la que el aire tibio -mejor dicho, la falta de él- antes de la tormenta se nos volvió insoportable. Mirábamos una película de fantasmas, y me levanté de la cama, desnuda, para apoyarme en la ventana abierta a buscar un poco de alivio. No había ninguna luz prendida en nuestro cuarto: sólo el reflejo de la tele, y la luz de mercurio de la vereda de enfrente que daba de lleno en mi cara. No te levantaste conmigo, simplemente te quedaste en la cama con tu cigarro, apoyada en mil almohadas. Pude sentir cómo me recorrías la espalda con la vista al mismo tiempo que caían las primeras gotas. Me sonreí: era uno de esos instantes en los que la costumbre se resquebraja desde adentro, porque la lluvia, vos y la luz de mercurio estaban ahí, todas atravesándome. Me gusta ese recuerdo. Me gusta pensar que no te olvidaste de ese aire cálido. Pero hoy soy sólo la silueta en la ventana que alguna vez te sonrió.
domingo, 24 de junio de 2012
Inasible
Ella se
compró un gato y sus reacciones se volvieron más instintivas. La planta que él
le había regalado –la de las flores color naranja-, murió devorada por tres
orugas horrorosas. Él jamás se enteró de que la tiró a la basura. No se enteró
de nada más, porque no lo deseaba: en algún punto sabía que sus sentimientos
por ella se habían retorcido en una maraña de resentimiento, envidia y tardes
imposibles. Ella se imaginó que él había tirado todas sus cartas, y no pudo
contener una lágrima. La muerte de las palabras siempre la había entristecido.
Al final entendió que la ira era un motor poderoso, pero imposible de mantener
a largo plazo. Él se arrojó a la rutina que siempre había odiado, de cabeza y
sin pensarlo, porque no había otra opción. Y así empezó a mostrar a los dientes
ante la menor turbulencia. La música ya no lograba calmarlo, sólo en soledad y
silencio escuchaba su propio latir. Hubiera querido arrancarse de encima la
duda de lo que podría haber sido; ella lo deseaba también.
viernes, 15 de junio de 2012
Movimiento continuo
Vos hamaca,
yo tobogán,
tan diferentemente
iguales.
Levito en tu música,
Levito en tu música,
nadás en
mis palabras.
Lo que gestás
en sueños
es lo que escondo.
(Tu tranquilidad
en el camino,
mi apuro
hacia las metas.
Tu alma
quiere viajar,
la mía
desea estar aquí.)
No te dejaré
caer
entre plurales
indecisos.
Sólo en
verso y bailes,
deseo poseerte sin posesión.
deseo poseerte sin posesión.
Entintarte cada
vez
sin pedir nunca
de más.
Transición
pura.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Fijación
Nenas complejas, rivotrilizadas,
estresadas, psicopatologizadas,
neuróticas de uñas largas.
Estigmatizadas, magas y locas,
tortas tatuadas, desubicadas,
putas, brujas cansadas.
En tu hoguera quemadas,
eróticas, indeseadas,
sin cajita feliz envasadas.
Existen para ser tocadas,
grafiadas, revolucionadas;
jamás alcanzadas ni atrapadas.
Que si me gustaste, fue porque te parecías a Muerte (a la mía).
estresadas, psicopatologizadas,
neuróticas de uñas largas.
Estigmatizadas, magas y locas,
tortas tatuadas, desubicadas,
putas, brujas cansadas.
En tu hoguera quemadas,
eróticas, indeseadas,
sin cajita feliz envasadas.
Existen para ser tocadas,
grafiadas, revolucionadas;
jamás alcanzadas ni atrapadas.
Que si me gustaste, fue porque te parecías a Muerte (a la mía).
sábado, 12 de mayo de 2012
Dedos en la nuca
Un cumplido que descalabra
resbalando por tu cuello.
Éste, el olor de los hombres
en manos que marcan lo que
siempre fuiste, delicia,
rozarte en dibujos enredados.
Te observo en movimiento
descifrar el animal en
tu espalda fina, frágil,
agazapado o asustado.
Un delirio ígneo a plena
luz que repta por los pies
desnudos y tus muñecas
desautomatizándome.
resbalando por tu cuello.
Éste, el olor de los hombres
en manos que marcan lo que
siempre fuiste, delicia,
rozarte en dibujos enredados.
Te observo en movimiento
descifrar el animal en
tu espalda fina, frágil,
agazapado o asustado.
Un delirio ígneo a plena
luz que repta por los pies
desnudos y tus muñecas
desautomatizándome.
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Intentos de poesía
miércoles, 18 de abril de 2012
Insurrecto
Todo lo que la asusta le socava los pulmones. Todo lo que la persigue le apunta a la garganta. Porque uno tras otro se le rompen los castillos, con foso, puente levadizo y lo demás. Caen como una explosión programada al ritmo de la música de negros que le dejaron y que se le pegó. No sabe cómo detener lo que ya está en marcha. Las palabras ahora son inútiles, especialmente los ruegos. Caer de rodillas le deja raspones que no la hacen llorar. Se entretiene con otras armas ingeniosas, de las que que no sirven para defenderse, que se la llevan de la rutina. La única opción es entregarse al tiempo y lo sabe, pero se re-niega; le molesta la espera. Ya no puede esperar. No sabe hacerlo, porque la quietud la ahoga. No sabe callarse, no sabe porqué todo desaparece, no sabe que ser sumisa no es lo que le toca.
Porque el sentimiento, volverá. Lo sabe. Una y otra vez la causalidad le arma rayuelitas en las esquinas, en direcciones diferentes. Y si no las encuentra, se las busca. Encuentra mil formas de escapar de la hora muerta, de lo que debería, de lo que no está en sus libros, de lo que no alaba. Cuando se reinvente, lo sentirá otra vez. Aunque las caídas le dejen cascaritas rojas, todas las personas que lleva en sí la putean hasta que se vuelve a parar. Mil veces, en mil años, en mil almas. Todo lo que siente cambiará.
Porque el sentimiento, volverá. Lo sabe. Una y otra vez la causalidad le arma rayuelitas en las esquinas, en direcciones diferentes. Y si no las encuentra, se las busca. Encuentra mil formas de escapar de la hora muerta, de lo que debería, de lo que no está en sus libros, de lo que no alaba. Cuando se reinvente, lo sentirá otra vez. Aunque las caídas le dejen cascaritas rojas, todas las personas que lleva en sí la putean hasta que se vuelve a parar. Mil veces, en mil años, en mil almas. Todo lo que siente cambiará.
lunes, 16 de abril de 2012
Inmedicable
La costumbre de que le rompan el corazón, lo insensibiliza. Ya es sólo un trámite, un número de teléfono menos. Vuelve siempre a los mismos lugares, las mismas canciones, las mismas noches de insomnio. Los sueños cambian, a veces, un poco. Sólo un poco. La pregunta de fondo, sin embargo es siempre la misma maldita incógnita. Los días siguen, a la luz del sol todo se ve brillante, pero cuando se va, sólo el tacto lo salva. Lo salva del agujero. Su quietud es sólo una ironía, su deseo más ardiente es entrar en combustión espontánea y desaparecer. Es sólo una fase del péndulo, dice. Un momento en la hamaca en la que se queda suspendido antes de volver atrás. El cuerpo no tiene nada que ver, no. Es la cabeza, es el sueño, es el anhelo. Es el aire, es ella, es el agua, es ella, es el fuego. Fuego, sobre todo, el incendio del verano anterior, una promesa que se quedó a medio camino, un fallido, un incompleto. Tenía las manos arrugadas. Tenía los pies descalzos. Temía que lo encontrara. Temía que hubiera un más allá.
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