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sábado, 21 de enero de 2012

Face the fire, come into your name

Face the fire.....

Escribir es desangrarse, las palabras son sangre. La sangre es el elixir de la vida, y sólo se puede poseer una vida nombrándola. Pero si intentàs poseer una palabra, se incendia instantáneamente. Fuego en la sangre. Prender fuego la vida, literalmente.


...come into your name

Todas las palabras que no puedo decir. Me dejaste sin palabras. Soy presa de mis palabras. Las perras negras me tienen acorralada. El deseo que se sublima a través de la palabra dicha. De boca en boca. La historia que sobrevive a través de la palabra. Zoé, la vida narrada. Mis palabras son mías, me crean. Me formatean. La palabra performativa. Las palabras me pueden, mucho más que vos. Vos sos un discurso, sos el discurso que creaste en tu infancia. Sos definible, sos una palabra. Quiero conocerla, quiero saber tu palabra, quiero apoderarme de tu verdadero nombre.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Minutas

El diario de hoy anuncia lluvias leves con alta temperatura. Una chica está sentada al lado de una ventana, en un edificio blanco, en un primer piso, concentrada en algo. Desvía sus ojos, y comienza a mirar a los transeúntes que apuran el paso. Es mediodía, y no hay sol. Las luces de mercurio siguen encendidas en toda la cuadra. Desde la calle, una mujer rubia, la ve. Sólo logra distinguir la cabeza de la chica como un objeto flotante. El tiempo no detiene su marcha. Ambas se investigan, se encuentran por primera vez. Un gato blanco corre para trepar al árbol de la vereda de enfrente. El carnicero de la esquina baja la cortina metálica utilizando una cadena de hierro. El reloj marca las doce y treinta minutos, la chica vuelve a sus tareas, y la mujer a sus bolsas de compras.


Superfluosidades hiperrealistas.

jueves, 11 de agosto de 2011

Basilisk

Sigo mutando. Aunque quisiera, no podría dejar de contemplar cómo lentamente se van muriendo en mí tantos sentimientos que me agobiaban. Como una serpiente. Como el cielo. No me alcanzan las horas del día para que se aclaren mis ojos; necesito tambièn de la noche. De la música y el agua. De esta fuerza que me alimenta nuevamente sin que conozca su origen real. De la incendiaria que fui y del nuevo par de alas que crecen día a día. La carga pesa menos por cada hora de trabajo, por cada minuto de inspiración. Estoy llena de palabras nuevamente, mi deseo se ha cumplido.


Un poco más cerca de conocerme.

viernes, 8 de julio de 2011

No soy nada más que una muñeca a la que le ataron un alma. No quiero más esta ruptura en mí, esta dualidad infecciosa, quiero llorar y que en el agua salada se escape mi esencia, mi alma se deshaga en millones de gotitas mínimas, se evapore y vuelva al lugar a donde siempre debió estar.


La desnudez de mi cuerpo me ruboriza cuando sé que estás mirando a través de mis huesos. Porque mis ilusiones más escondidas salen a la superficie si vos las convocás. Es tu poder, un regalo que te hice, aunque a veces lo uses contra mi voluntad. Te di la contraseña de mi muerte y también la de mi deseo.



Si no hay luz hace tres días es porque me tragué el sol. Me lo comí, como Zeus se comió a su padre, lo escondí dentro de mí, y nadie puede verlo. No deseaba que pudieras verme, pero este brillo me delata. No puedo dejar que el mundo se convierta en mi en emigo. Quizás les devuelva el sol, pero quiero a cambio una noche llena de estrellas.







Textos: Pazchi
Fotos: Alan Maida Y Ale Cape


jueves, 16 de junio de 2011

That song


Levitando en un cuarto totalmente negro, donde la música resuena en todo su poder, la vibración atraviesa cada fibra de su cuerpo enfermo, curándolo, atando las secreciones que no puede contener. Las cintas negras la mantienen cerca del suelo, son sus redes de seguridad y su condena. No tiene otra opción más que mantenerse ahí hasta que pueda salir del estado hipnótico en que la hunde ese lugar, donde nada la obliga a escuchar ni a somatizar un llanto en la nariz que se niega a escapar de la realidad que la tiene estaqueada a esta tortura resonante. No hay ninguna luz que se atreva a rozar su pelo dorado, que flota en el aire denso y brilla por sí mismo.

La muñeca desconoce su nombre.

domingo, 5 de junio de 2011

and the fault is my own

La culpa era mía, mía por soñar utopías de princesas en sábanas de seda, donde nada podía romper el muro que me rodeaba. Nadie podía crear una grieta en mi realidad.
Pero los almohadones de pluma cayeron al piso antes de lo predicho. El árbol negro sigue ahí, esperando que le saques la foto de una promesa que jamás cumpliste.
Y no me quedare inmóvil en esta espera que me convierte en sal. Deseo seguir respirando, sintiendo aquello que alguna vez supiste darme.

martes, 8 de marzo de 2011

Reposar

No quiero hablar más. Las palabras empezaron a confundirnos, y éso es (siempre) el mejor camino a otra pelea. Quiero quedarme en silencio, por fuera y por dentro. Quiero que se apaguen mis circuitos y los tuyos. Y simplemente, reposar, para olvidar el dolor que me causa reconocer que un cambio se acerca lentamente para causar estragos.

lunes, 7 de marzo de 2011

Evasión


Todas las rupturas deberían suceder en invierno. Porque cuando hace frío, evadirse de la realidad es más fácil: una frazada, un té bien dulce y un libro. Un mundo distinto.
En cambio, el verano con todas sus molestias (mosquitos, sábanas pegoteadas, etc) te obliga a quedarte acá. Horacio me lo discutiría, ya dijo que es todo cuestión de sugestión mental. Tendrá que disculparme, sr. Oliveira: mi cuerpo es demasiado humano.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Esas malditas costumbres (completo)

“(…) desnuda para nadie.”

J.C.

A ella le molesta que la despierten cuando está muy cansada. Le gusta estar sola en su casa, prender sahumerios y velas, y así darle tiempo a su alma para curarse. ¿Curarse de qué? Ella tenía la certeza de que su corazón iba a explotar un día cualquiera. Por eso creaba ambientes seguros y tranquilos, donde pudiera escucharlo latir. Entablaba una pelea constante con su propia oscuridad. Por eso, o quizás no, ella es de las que cortan los alfajores con cuchillo. Toma té mientras llora todas las noches, por eso tiene un rollo de servilletas de papel al lado de su cama. Entredormida entre la tinta azul y el rojo pelo y la música y ese cansancio tan pero tan gris.

“Voy a tener que insistir: prefiero vivir rompiéndome la cabeza contra las paredes antes que ser una persona tibia. No soporto a la gente que no se posiciona, porque eso significa que no siente pasión…”

Todo el tiempo tenía miedo de tener bichos en la espalda. Así, sin denominación, bichos. Por más que el médico, los parientes, el bañero en la playa le aseguraban que nada estaba anidando en su piel joven, ella aseguraba que algo “le caminaba de arriba abajo, haciéndole cosquillas.” Su imaginación, demasiado vívida para los psicólogos, la llevaba de la mano hacia las pesadillas más horrendas. Despertaba empapada en sudor frío, en medio de un grito, de una mano que salía de la oscuridad, del ataque del monstruo casi humano. La noche la encerraba entre sábanas donde jamás se sintió a gusto. Sólo lograba salir del embrujo de los sueños cuando descifraba sus claves: en cada grieta inconexa, en cada giro inesperado, se escondía una palabra, un acertijo que ella debía rearmar como un rompecabezas maldito. Más de una vez sintió que no lo lograría; en ese otro mundo el tiempo siempre acuciaba, porque el persecutor de turno no tardaría en aparecer o ya estaría intentando arrancarle las manos y el corazón. El precio a pagar era demasiado alto: perder los miembros, y quedar atrapada en ese limbo de interminable niebla gris, del cual no había escapatoria posible. La suerte y el ingenio le habían dado agilidad –con el paso de las noches- para correr de sus cazadores y desencriptar a la vez los confusos códigos que le daban: casi siempre eran laberínticos juegos de palabras. Tal vez su condena se debiera a sus usuales caídas en entresueño que la atacaba mientras escribía. Las dulces ovejitas la arrollaban en una estampida que la dejaba inconsciente y vulnerable como un niño pequeño.

-“Así se desangra cualquiera.”- pensaba, mientras se deslizaba por la madriguera del conejo, Irene Alicia, espejo de sí misma en un plano desfasado de su cama de dos plazas.

“Asociaciones ridículas. En mi sueño, vos hablando y hablando sin parar sobre ‘la mendocina’ y yo que pienso en Mendoza –el virrey de México, que se atribuyó la conquista sin mover un dedo- y vos sos ‘la conquistadora’ por excelencia, siempre jugando a ser lo que no, creando méritos inexistentes…”

Escucha voces lejanas que no saben indicarle el camino. Teme que si duerme con un gato (o mejor como un gato) acurrucada entre las sábanas, no la acepten; que su vida bohème no sea de su agrado, porque a cada rato se sale de la caja en la que la pusieron. Para ella las respuestas son siempre el problema a la vez que la solución, es imposible arrancarlas de raíz. Quiere que su pelo se convierta en pelo de gato. Irene está enojada porque el nuevo edificio que construyeron en la manzana de su departamento pequeño le obstruye el sol del atardecer, la mejor hora para sentarse en la ventana. Cree que destruir se parece a descubrir, pero crear armatostes para tapar el sol, no le agrada. No quiere caminar con el corazón en las manos, se lo destrozaron más de una vez y prefiere esconderse. Como los bichos en su espalda.

“Qué me hace feliz? Música, la música me relaja. Pero vos. La satisfacción del trabajo bien hecho. Pero vos. Una noche de brisa tibia y olor a lluvia, perfecta para gualichos. Pero vos. Una carta perfecta. Pero vos. La idea para un nuevo relato. Pero vos..”

Le arde la boca del estómago. Quiere encontrar una brecha en la costumbre que la ahoga, tan simple como encontrar un titular ridículo, o crear el suyo: mujer muere aplastada por un televisor. Está harta de las preguntas retóricas y los límites. De los tubos fluorescentes y la presión ocular. De los plazos, el dinero y la pelusa. De los ángeles y las princesas en torres inalcanzables.

Vomita tinta antes de dormir otra vez. Es sólo una cuestión de líneas paralelas: si por la mañana los vómitos son literales, por la noche deben ser metafóricos. Quiere sacarse de la sangre este veneno que siente lo infecta todo, lo vuelve espeso, sin excepciones. Su guerra con las palabras es su exorcismo, una sangría que la agota. Quiere encontrar su propio mandala, al igual que Julio, aunque sabe que el agua de su río es turbia aún. Presiona botones intencionalmente, sabe que su zoé jamás existirá si no se lanza al abismo que la espera, oscuro y tan prometedor.

“Y así, maquillada, perfumada y desnuda por dentro me quedo a esperarte mientras la luz de la tarde desaparece, donde el cielo se vuelve anaranjado. Sé que no vendrás.”

A ella le encanta el olor del té. Especialmente el de jazmín. Le fascina el cine, donde se entrega completamente a una catarsis de dos horas. Prefiere que no le hablen apenas se despierta; siempre le costó pasar del inconsciente al consciente, y bajar los pies de la cama. A veces se queda dormida en las plazas, sobre todo los domingos soleados. Odia los miércoles. No puede comer comida chatarra: su estómago se queja durante días. El malhumor tarda horas en despejarse de la comisura de sus labios, en esos días en que cada molestia mínima la saca de sus casillas. O de su equilibrio, como dice ella. A ella algunos días le duele estar viva. Acaso respirar sea una tarea titánica algunas mañanas, el vapor en la ducha hirviente es una constante para la mujer frágil que se piensa.

“Sueño con deslumbrarte alguna noche con un disfraz que no se parezca en nada a la imagen que te hiciste de mí. Puedo jugar a ser lo que yo quiera, sólo tenés que darme la oportunidad.”

Mientras saboreaba un cóctel explosivo de jugo de naranja con lágrimas, pensó que ese invierno duraría para siempre, que sus manos se congelarían y dejaría de escribir. No sabe divertirse, tiene miedo. Miedo de todo. Miedo de lo que puede ser si decide mutar otra vez, sacarse la piel de serpiente-conejo y liberarse de ese cuerpo que odia y ama, que la ata a lo que no desea. Ese invierno plagado de sueños reales, realidades ilusorias e ilusiones volátiles. Ella quiere liberarse. Pero no sabe. El mundo le parece ridículo por momentos, se siente desapegada de todo lo material, como si le fuera posible salirse de su cuerpo y mirar alrededor desde un lugar que no son sus ojos, tocar desde una vibración que no son sus manos. Ninguna canción le habla, está fuera de alcance de cualquier radar, más allá de las palabras. Las ondas que emite son mínimas, tan pequeñas que no superan su espacio personal. Una pregunta ronda en su cabeza continuamente: ¿Por qué cambié algo tan importante para mí por otra persona? ¿Por qué permití que mis valores se trastocaran en el supuesto nombre del amor? Desea, desea ante todo recuperar aquello que perdió, volver a encontrar su esencia, aquella sensación de paz que conoció en algunas noches de verano durante su adolescencia.

“Me escapé. De ella, del lugar, de la cotidianeidad, del ruido, de las charlas banales, del enojo y la preocupación, de la compañía que no es placentera. Pero sobre todo me escapé de lo que me dolió cambiar mi esencia por otra persona. Es hora de mutar a mi original otra vez, de volver a ser.”

martes, 5 de octubre de 2010

Encuéntrame

Para quién escribo. Para quién me lee. Para quién me conoce. No quiero que tus ojos encuentren mis palabras, o sí? Quizás sea parte del exhibicionismo latente, de una liberación pública… quién podría descifrarlo. Un dèja vu de un momento lejano, en la adolescen-cia, cuando la tinta fluía casi como un río ávido de libertad. No te acerques demasiado, nada aquí es importante ni relevante para tu futuro.


((Sólo delirios insensatos de una literata que juega a ser dios un rato.))

miércoles, 17 de junio de 2009

Melody Nelson says...


Interesándome, interesándote. lentamente bailar en mi mano, en mis ojos delineados. Susurros de búsqueda incompleta. Tango sensual imaginado, escenas de antro nocturno y tacones. Al compás, recorriendo cuerpo inesperado, bajo el reflector de tus uñas brillantes. Negras medias interminables piernas, néctar del cielo volcado sobre la mesa que vio nuestros dedos rozarse suavemente en la noche.



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Buscando una imagen impensada. Una muñeca que me represente. Frágil, blanca, inmóvil, belleza congelada, pelirroja nena que se niegue a crecer, mensajera del caos y la incertidumbre. Tonta y adorable a la vez. Lejana, pupilas inertes en un punto fijo de la habitación. Incapaz de verte de verdad. Una máscara a tiempo completo... aunque mis días acá estén contados.


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Construir el mundo desde el lenguaje, incluso la revolución... miles de palabras se alzarán en armas para combatir a las manos que se nieguen a escribir en pos de la libertad y el amor. Para borrar la tinta que ose delinear palabras llenas de odio y dolor. Las perras te van a morder hasta contagiarte rabia y obligarte a enloquecer de hojas en blanco y renglones vacíos. Los dictadores de la tinta serán atacados por sus propias plumas, el día más glorioso en la historia de la humanidad...


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No estoy lista para despertarme. No estoy lista para poner los pies en el piso ni para sacarlos de la cama. Y tampoco estoy lista para entregar mi sangre a los desconocidos, para que la beban, la saquen de su copa de cristal y empiece su mutación. Que otros lo hagan ahora. Cuando caiga mi noche decidiré quién es digno de saborearla y quién puede olvidarse de esa posibilidad.

miércoles, 27 de mayo de 2009

En Julio


Peligrosamente acercándome a Celia. Yo no quiero ser ella. No quiero ser Hèlene ni Mireille. Tampoco quiero tener un Javier, una Lamia cualquiera. Me dan la sensación de estar dentro de una escena en una película independiente, interminable y llena de lugares comunes. Quiero ser yo, de sangre y fuego. Nos ubicamos demasiado cerca de nuestros paredros, de los personajes de nosotros mismos que nos tienen anclados a la costumbre y que a la vez son ya juego de todos los días, rayuelitas desmenuzadas.

Textual:
"P- ¿A veces no te da la sensación de que tiene que haber un corte en la costumbre? Que se caiga el cielo o algo así...
K- No hay lugar a dudas. De hecho, cada tanto se cae y aplasta a unos cuantos."

miércoles, 4 de febrero de 2009

Día de ñoquis.


Otra vez sueños catastróficos que te incluyen. (Me pregunto si alguna vez te eliminaré por completo de mi inconsciente). O seguirá la tormenta hundiéndome en su océano omnipresente, con toda la fuerza de la marea arrastrándome hacia su interior... (no me dejaré a morir...)


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Gato. Pelo, locura nocturna, hijo mío, amor mimoso. El mejor regalo que me han hecho. Suavidad de mascota, acompañante leal, piedra base de mi hogar, mi lugar, bigotes blancos. Quisiera compartir tu sueño...



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No tengo miedo de morir. Como la Maga, quien jugaba con la idea de la muerte para sentirse mejor cuando ya no sportaba la vida tan violeta, tan ignorante de todo lo que hay más allá, más allá de mí y de vos, más allá de los objetos... Más allá de lo que respira...


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Entregar tu trabajo para que sea juzgado y leído por conocidos y desconocidos. Ser temeraria, valiente. Quién se atreve a revelar su verdadero yo? Quién manda al campo de batalla a un soldado desnudo, sin más armas que la retórica? Como siempre, sólo volverá la palabra ensangrentada, la sangre apalabrada a un dios traicionero y enmascarado, Baco, fauno maldito que me domina por las noches.


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Y si pudieras multiplicarte, lo harías? Si tuvieras la oportunidad de ser más de uno, de ser cientos y miles de almas que caminan la tierra, lo harías? Qué mensaje llevarías? La luz nace del interior de tu estrella.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Recuerdos compactos.

Al fantasma gato le gusta jugar a las escondidas. Le gusta sentirse buscado, llamado a escena, dramatizado hasta el aburrimiento. Se enmascara, se repite a sí mismo, se asusta y vuelve a cometer los mismos errores: cree que nadie lo ve cometer sus crímenes, cree no lastimar con su incredulidad y jugarretas a los que la rodean. Es sólo una niña… (6-8)


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Aire viciado. Miradas que se encuentran a la luz de una vela. Insinuaciones sutiles, deseo de la piel encendida en un tormento de fuego. Un solo suspiro y estaré tan cerca de ti que no podrás establecer el límite entre tu cuerpo y el mío. ¿Acaso no era eso lo que buscabas, lo que querías saber? Cómo se siente mi boca contra la tuya, mi anhelo luchando con tu impulso? Una hora desequilibrada, un nuevo participante entre nosotras, tú y yo y la locura. (13-8)



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Voces sensuales, ritmos lentos, susurros y suspiros en un silencio tibio… no me siento bien cuando tengo tanto calor y vos no estás conmigo para calmar mi sed. Sé que estoy pidiendo demasiado, pero algunas veces creo que no llegarás a conocerme… Por eso sigo siendo un inentendible a tus ojos, porque nunca exprimiste hasta la última gota de mi deseo, nunca te quedaste el tiempo suficiente para verme renacer… (11-7)

A medianoche.


Mi esmalte gastado, otra canción, una foto corrida, mi gato, mi cama, tinta ensangrentada y una lapicera roja. (Sigo pensando en vos). Miles de preguntas que surgen, una lengua distinta a la mía, aunque no tengo ninguna respuesta. Insomnio de diciembre. (Tu fantasma se niega a irse de mi lado). (4-12)


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La idea de ser nuevamente un misterio para vos me excita. Hay tanto que ya sabés y tanto que no, tantos lugares nuevos, tanta fuerza escondida. (Y pensar que tu olor me es tan familiar como el agua en verano). Fue tan natural pensarte otra vez… hasta que vi en tus ojos el reflejo de una catedral en París. (26-11)


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Ser una pequeña Alejandra. Ser la imitación de la mujer que vaga en el patio, entre las violetas, tomando el té con masitas en una bandeja de plata. Pero yo no quiero encontrar la locura, verla cara a cara; sólo flirtear con ella, jugar con su patito de hule, chapotear en su bañadera… No voy a caminar sobre las huellas de otra soñadora… (26-11)


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Pactos de silencio. Yo no existo, tú no existes. No estás en mi vida, y yo tampoco puedo ser parte de tu círculo. Giramos sobre las puntas de nuestros pies, pero nunca en círculos… es nuestro trato, una tregua que sólo vos y yo conocemos. Nos hablamos aunque nadie más escuche el sonido de nuestras voces. (26-11)



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Noche de gualichos, de viento arremolinado y truenos. Noche para convertirse en loba y salir a recorrer las calles, sin cansancio, sin máscaras, sin pies lastimados. Soñé encontrarte en una noche así: mirarte a los ojos y hacerte saber que el animal que se escondía en mí está ahora más vivo que nunca. El fantasma gato vuelve una y otra vez a renacer, con cada tormenta. (27-11)

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Imposible disimular. Otro gualicho que funcionó: te desaté de mí, y te fuiste volando como un cuervo en medio de la tormenta. No es como antes, Algo se rompió. Tu mar, nuestro mar ya está en calma, no volveré a navegar tus olas huracanadas. Adiós, mar azul… (25-11)



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Intoxicarse con insecticida en una habitación cerrada. Mosquitos y cucarachas. Asco del mundo, asco de mí, asco de las relaciones enfermizas. Asco, náuseas, un poco de alcohol por favor. Qué hay? Hay ganas de exorcismo autodestructivo. Hay goma espuma por todos lados. Hay aguarrás y huellas digitales. Manchas, manchas y más manchas. Tapan otras manchas escarlata. Suciedad, pureza desgastada y vieja, usada miles de veces, la misma máscara. Ya no sirve, es hora de cambiarla. (20-11)

viernes, 7 de noviembre de 2008

Pequeñas vergüenzas diarias


Marcadores kármicos. Viajes a la noche que causan caos emocional. Un pseudo-triángulo amoroso, palabras coaguladas. Caminar tomados de la mano, entender porqué nunca podría mirarte de otra manera, ni vos a mí. La teoría de la hermanita, los agujeros, viajes en bondi y el tiempo que gira en redondo. Como nosotros, que no paramos nunca, y por eso nunca nos encontramos en los ojos. (1-11)


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Yacer en los brazos de un amor postrado y moribundo. Caer en un entresueño químico de alucinaciones horroríficas. Sentirse morir. Sentirte morir. Sentir cómo se te escapa la vida. Encontrarme a mí. Desnuda en mi cama, sangrando otra vez… Chorros de tinta y manchas por todos lados. La música lentamente llena mis oídos, llevándose mi ánima. A nivel del piso sin poder levantar este cuerpo que me pesa más de lo que debería. (20-10/ 24-10)


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(30-9) Aquello que juramos no hacer se está volviendo incontenible e incontrolable, represa a punto de quebrarse, en los baños y en las plazas. Sigue creciendo con cada mirada, con cada golpe de espada, con cada derramamiento de sangre se hincha y agranda y desborda, ruido en decibeles insoportables para el oído humano, tu voz en mi cabeza. No puedo sentir otra cosa acercándose a mí más que tus pasos (pies que cantan la historia de nuestro encuentro).


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Tengo la imperiosa necesidad de tomar algo tuyo, algo que sientas como propio pero que esté a mi alcance, una canción, un libro, palabras que te persiguen y hacerlas mías, ensuciarlas con mi huella, mi imagen, moldearlas para darles un nuevo sentido, para que no puedas escucharlas sin pensar en mí, dejarles una mancha imborrable… Para que te torturen eternamente. (24-9)


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Perdiendo el rastro del plan que creí tener, del deseo que me atormentaba, ya no más… Ya no más mutilación, ni silencio: las bombas caen a cada minuto, ensordecedores estallidos de ira y violencia dirigida hacia el exterior, catarsis impulsiva, impetuoso instinto liberador. Adaptabilidad extrema a un medio hostil. A cada paso un grito, a cada suspiro un golpe. Sacando de mi alma la sangre innecesaria, sobrante, las mentiras piadosas, las miradas de lujuria, la suciedad y el pegote de estar consciente todo el tiempo. Sabía que era asqueroso, pero tenía que saber cómo era, probar un pedazo de la realidad de Horacio, del pánico de la costumbre, dejar de vivir en el sueño… Perder el rumbo, para descifrar si ahí estaba mi camino… (24-9)


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(16-9) Quiero mi libertad. Volver al rojo y a mí, a la que era antes de tener otro alma pegada, antes de conocer otros ojos, antes de contaminar lo que era y que jamás podré recuperar… (aunque me haya arrojado de cabeza al abismo).




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Quiero, mujer
Hundirme en tu profundidad
Que cierres tus ojos para
Sentir mis manos
Hundiéndose en tu sexo
Tu deseo húmedo hasta
Gritar el placer que te doy.

(8-9)