sábado, 21 de enero de 2012

Face the fire, come into your name

Face the fire.....

Escribir es desangrarse, las palabras son sangre. La sangre es el elixir de la vida, y sólo se puede poseer una vida nombrándola. Pero si intentàs poseer una palabra, se incendia instantáneamente. Fuego en la sangre. Prender fuego la vida, literalmente.


...come into your name

Todas las palabras que no puedo decir. Me dejaste sin palabras. Soy presa de mis palabras. Las perras negras me tienen acorralada. El deseo que se sublima a través de la palabra dicha. De boca en boca. La historia que sobrevive a través de la palabra. Zoé, la vida narrada. Mis palabras son mías, me crean. Me formatean. La palabra performativa. Las palabras me pueden, mucho más que vos. Vos sos un discurso, sos el discurso que creaste en tu infancia. Sos definible, sos una palabra. Quiero conocerla, quiero saber tu palabra, quiero apoderarme de tu verdadero nombre.

sábado, 3 de diciembre de 2011

No sé ni para qué pregunto.

Princesa ya no más
perra rabiosa devine a tu lado
lo que no te atrevés a ser explota
las líneas divisorias de mi cuerpo
en tu cara, en tus ojos
útero, pulmones, garganta
ahogados en óxido.
Muslos tatuados, sueños
(la chica porno me mira)
sangrar con soledad
tiburones azules rondan
viré en cambio fatal
pulcro anhelo incumplido
hacia nuevas voces humanas.



lunes, 21 de noviembre de 2011

Minutas

El diario de hoy anuncia lluvias leves con alta temperatura. Una chica está sentada al lado de una ventana, en un edificio blanco, en un primer piso, concentrada en algo. Desvía sus ojos, y comienza a mirar a los transeúntes que apuran el paso. Es mediodía, y no hay sol. Las luces de mercurio siguen encendidas en toda la cuadra. Desde la calle, una mujer rubia, la ve. Sólo logra distinguir la cabeza de la chica como un objeto flotante. El tiempo no detiene su marcha. Ambas se investigan, se encuentran por primera vez. Un gato blanco corre para trepar al árbol de la vereda de enfrente. El carnicero de la esquina baja la cortina metálica utilizando una cadena de hierro. El reloj marca las doce y treinta minutos, la chica vuelve a sus tareas, y la mujer a sus bolsas de compras.


Superfluosidades hiperrealistas.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Start Over

Apreciados, pocos pero apreciados lectores que deambulan por aquí: decidí que era hora de abandonar el tono de diario íntimo adolescente que desde hace un tiempo inundaba esta zona. Borré muchos de los textos, mis disculpas si habían dejado comentarios; les prometo que de ahora en más van a tener mejores motivos para dejarme sus anotaciones. Se aproximan cambios, para bien.

Muchas gracias