Yo soy la sangre que corre por tus ríos, descubriendo la rapidez de tu placer. Inalcanzable y efímera, tan cercana como un sueño alucinógeno en luces de neón.
Mi amante, iluminada desde su propio centro, mi enloquecedora belleza, mi cálida musa, embriagadora noctámbula.
(nadie duda de tu femeneidad; deberías ser fotografiada, saboreada y experiementada por todos los caminantes insomnes que se buscan a sí mismos)
Moviéndome en colectivo por calle Corrientes, llena de carteles de mujeres semidesnudas, negocios colmados de turistas y vidrieras coloridas, caerme de lleno en la gran boca d

e la 9 de julio, toparme vertiginosamente con el Obelisco, y ahí, justo ahí, sentir que
me estaba tragando Buenos Aires.