Llueve, y les tengo miedo a los truenos. Me pregunto si será posible evadir la cuota de pasivo-agresividad que viene con el amor, que parece imposible evitar. Será necesario este invierno pasar en estado de inconsciencia. Entonces prefiero ponerme los auriculares al máximo volumen, no pensar en el futuro por un rato: la ventana se está llenando de gotitas luminosas, y de a poco se van borrando más recuerdos.
http://www.youtube.com/watch?v=PYVjetrr9yM
martes, 7 de agosto de 2012
domingo, 5 de agosto de 2012
Lemon pie on a belly button
Escucho tu música y no sabés lo que se teje detrás, lo que crece desde tus huellas pasadas. El mundo en el que nos atoramos es demasiado pequeño. ¿De dónde salió esa historia? De un discurso que ni siquiera comenzó y ya es una omisión. Porque no pude volver a escribir una carta desde que la primera me dijo que había quemado todas -más de cien- en un ritual nocturno: no quise que jugaran con mis palabras, nunca más. Sólo yo tengo derecho a incinerarlas. Sólo yo elijo cuándo hacerlas desaparecer (y ese deseo me persigue).
Volvió la niebla a mi ventana. Hay libros por todas partes. Estoy sola.
Volvió la niebla a mi ventana. Hay libros por todas partes. Estoy sola.
domingo, 29 de julio de 2012
Pared (verano)
Veinte días sin terapia y caí en la cuenta de que había demonizado el fin del invierno y la primavera indecisa. Entonces apareciste vos. Febrero, calor, remera blanca y lentes negros, pura imagen y el detonador en la mano listo para estallar. No esperaste a que me calle para tirarte a mi boca, y en una tarde nos olvidamos de los preámbulos, la histeria, el pavoneo para la conquista. No había palabras, no servían de nada, porque en esos cinco segundos en los que me detuve en tus ojos, entendiste que mis balas de plata te estaban haciendo una pregunta más que certera, que no hizo falta contestar. Tampoco querías contestarla. Eso era todo, ni un poco más ni un poco menos: una brecha de vacaciones, y la complicación de un sentir hubiera arruinado la búsqueda de la saciedad momentánea. Me quedé un rato largo mirando la pared blanca, tratando de que mi mente quedara así también. Los cuerpos rotos no ayudaron en nada; sabía que no volvería a verte. Pero seguís ahí, observándome, desde afuera, sin hacer un movimiento.
miércoles, 25 de julio de 2012
Plaza (primavera)
Nos encontrábamos en el mismo lugar, "nuestro" banco de la plaza, cada vez que podíamos. Todavía no te había regalado tu otro nombre, pero cada roce era motivo de cachetes colorados y disculpas sin sentido; ya teníamos códigos aunque sólo nos habíamos dado unos pocos besos. Ese día te vi llegar con tu camisa marinera y una sonrisa de oreja a oreja, tu saludo tímido -un lugar público, nos hubiera traído problemas, andar de trampa y tu familia y todo lo que cayó fuera de tiempo-. Te sentaste un poco lejos, con la mochila en medio, como si un objeto tan inerte pudiera frenar el quilombo hormonal que nos pasaba por adentro, que me aceleraba el corazón si te descubría mirándome fijamente. Hablamos un rato, pavadas que traslucían ganas de sentirnos cerca, la facu, gustos en común, el clima; el sol nos alcanzaba desde la esquina, te cruzaba un ojo, ya me había sentado de frente para poder mirar tu boca, y de repente, la ráfaga inesperada y la lluvia de florcitas violetas. Miraste hacia arriba y alzaste las manos para cazar alguna, sorprendida de que el cielo nos hiciera un regalo, nos diera su bendición tan pronto, y la luz te llenó de puntitos luminosos que a mí se me hicieron mágicos. Creo que el tiempo se detuvo un instante en la comisura de tus ojos. Esa fue la señal: tenía que reconocer que me estaba llenando de sueños otra vez, que te acercabas a mí con la fuerza de un imposible. Te convertiste en todo y eso, por supuesto, nos llevó a la nada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)