miércoles, 25 de julio de 2012

Plaza (primavera)

Nos encontrábamos en el mismo lugar, "nuestro" banco de la plaza, cada vez que podíamos. Todavía no te había regalado tu otro nombre, pero cada roce era motivo de cachetes colorados y disculpas sin sentido; ya teníamos códigos aunque sólo nos habíamos dado unos pocos besos. Ese día te vi llegar con tu camisa marinera y una sonrisa de oreja a oreja, tu saludo tímido -un lugar público, nos hubiera traído problemas, andar de trampa y tu familia y todo lo que cayó fuera de tiempo-. Te sentaste un poco lejos, con la mochila en medio, como si un objeto tan inerte pudiera frenar el quilombo hormonal que nos pasaba por adentro, que me aceleraba el corazón si te descubría mirándome fijamente. Hablamos un rato, pavadas que traslucían ganas de sentirnos cerca, la facu, gustos en común, el clima; el sol nos alcanzaba desde la esquina, te cruzaba un ojo, ya me había sentado de frente para poder mirar tu boca, y de repente, la ráfaga inesperada y la lluvia de florcitas violetas. Miraste hacia arriba y alzaste las manos para cazar alguna, sorprendida de que el cielo nos hiciera un regalo, nos diera su bendición tan pronto, y la luz te llenó de puntitos luminosos que a mí se me hicieron mágicos. Creo que el tiempo se detuvo un instante en la comisura de tus ojos. Esa fue la señal: tenía que reconocer que me estaba llenando de sueños otra vez, que te acercabas a mí con la fuerza de un imposible. Te convertiste en todo y eso, por supuesto, nos llevó a la nada.

4 comentarios:

Pili (Como Cher...) dijo...

Hay que exorcisar a veces no? me lo dijo alguien hace muy poco tiempo... y ahora empiezo a comprender... :)

Un beso.

CasiiNormal dijo...

Qué bonito relatado que está el texto. Una lástima que no sea igual su final. Pero una pena más grande es que eso, en algún momento, a todos, nos suele pasar.

Saludos.

Pazchi dijo...

Acá toda la tinta es sangre de exorcismo... totalmente ficcional o un poco autobiográfica, cada palabra se sangra -primero en mis libretitas, claro- y se corrige un millón de veces. Y después llega el gusto de la mente en blanco, aunque sea sólo por un rato =)

Gracias por pasar!

José A. García dijo...

La gente siempre confunde el todo y la nada como si fueran antónimos cuando, en realidad, tienen mucho más sinónimos que de otra cosa...

Saludos

J.