sábado, 20 de diciembre de 2008

Recuerdos compactos.

Al fantasma gato le gusta jugar a las escondidas. Le gusta sentirse buscado, llamado a escena, dramatizado hasta el aburrimiento. Se enmascara, se repite a sí mismo, se asusta y vuelve a cometer los mismos errores: cree que nadie lo ve cometer sus crímenes, cree no lastimar con su incredulidad y jugarretas a los que la rodean. Es sólo una niña… (6-8)


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Aire viciado. Miradas que se encuentran a la luz de una vela. Insinuaciones sutiles, deseo de la piel encendida en un tormento de fuego. Un solo suspiro y estaré tan cerca de ti que no podrás establecer el límite entre tu cuerpo y el mío. ¿Acaso no era eso lo que buscabas, lo que querías saber? Cómo se siente mi boca contra la tuya, mi anhelo luchando con tu impulso? Una hora desequilibrada, un nuevo participante entre nosotras, tú y yo y la locura. (13-8)



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Voces sensuales, ritmos lentos, susurros y suspiros en un silencio tibio… no me siento bien cuando tengo tanto calor y vos no estás conmigo para calmar mi sed. Sé que estoy pidiendo demasiado, pero algunas veces creo que no llegarás a conocerme… Por eso sigo siendo un inentendible a tus ojos, porque nunca exprimiste hasta la última gota de mi deseo, nunca te quedaste el tiempo suficiente para verme renacer… (11-7)

Vulnerable


Pazchi hoy no tiene ganas de ser Pazchi. Quiere ser un gato o un pájaro… ser invisible, ser un espíritu intangible, una mariposa. Pazchi no quiere vivir como un ser humano. Quiere morir y renacer como una florcita silvestre, o ser piedra de un arroyito escondido. Pazchi quiere ocultarse, que nadie vea su rostro, enmascararse y pasar desapercibida. Pazchi hoy no tiene voz: se la robaron, y después la prendieron fuego, así que ahora no puede recuperarla. Desea desaparecer, sólo esfumarse en el aire, desangrarse para desprenderse de una vez por todas de este cuerpo que la tiene presa…
(9-3-08)

La belleza de la tortura morbosa.


Las únicas mariposas que aletean en mi estómago cuando te veo son las mariposas decapitadas. Ésas que perdieron la cabeza al mismo tiempo que tu amor se fue de mis brazos, y ya no supe reconocer tu voz entre miles… tantas mariposas murieron ese día que a un pequeño grupo se le permitió por gracia divina seguir palpitando a la par de tus pasos acercándose. Pero la gracia divina no es perfecta, y aquellas pobres ya habían perdido la cabeza… así continúan batiendo sus coloridas alas, condenadas a sobrevivir a un amor que ya murió pero dejó su marca en mí eternamente. Casi como mariposas vampiras. Casi.
(¿Lo sabrás?)

Atardecer de verano


“Sos una salvaje” me dijo y yo me quedé mirándola. Un lágrima cayó, y me di cuenta de lo que significaban sus palabras, esa expresión en su rostro que había visto tantas veces. A pesar de que la conocí un par de meses atrás, se había despertado en mí un terrible deseo de sacarle una a una todas las sonrisas posibles… Algunos días lo lograba, aunque nuestros primeros encuentros terminaron tan abruptamente que apenas si alcanzamos a intercambiar unas pocas frases. Solíamos cruzarnos por casualidad en algún lugar insólito, casi como si el destino nos marcara el camino: la Terminal de ómnibus, algún espectáculo nocturno, una calle alejada del centro de la ciudad. Y muchas otras veces, al pasar el tiempo, nos pusimos de acuerdo para coincidir en la plaza, sólo para tirarnos panza arriba a mirar las nubes. Un pedacito de cielo para nosotros, y nos conformábamos. Jamás nos tocamos: nuestro amor –si es que se puede llamar de tal forma- se escondía en las miradas, en los poemas que nos enviábamos para después compartir opiniones, en un roce intangible de las almas… No se me hubiese ocurrido acercar siquiera mis manos a las suyas, tal vez el mismo cielo que mirábamos se cayera a causa de nuestra imprudencia.
En la única ocasión en que mi mano descuidada se movió a centímetros de su hombro, la vi ponerse pálida como la luna y luego un rubor escarlata le cubrió las mejillas. No podría describir la mezcla de miedo, dolor y fuego que me invadió: el verla sonrojarse de esa manera se hizo evidente que aún conservaba toda la inocencia de una mujer que aún no ha sido descubierta y observada completamente… (10-3-08)

A medianoche.


Mi esmalte gastado, otra canción, una foto corrida, mi gato, mi cama, tinta ensangrentada y una lapicera roja. (Sigo pensando en vos). Miles de preguntas que surgen, una lengua distinta a la mía, aunque no tengo ninguna respuesta. Insomnio de diciembre. (Tu fantasma se niega a irse de mi lado). (4-12)


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La idea de ser nuevamente un misterio para vos me excita. Hay tanto que ya sabés y tanto que no, tantos lugares nuevos, tanta fuerza escondida. (Y pensar que tu olor me es tan familiar como el agua en verano). Fue tan natural pensarte otra vez… hasta que vi en tus ojos el reflejo de una catedral en París. (26-11)


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Ser una pequeña Alejandra. Ser la imitación de la mujer que vaga en el patio, entre las violetas, tomando el té con masitas en una bandeja de plata. Pero yo no quiero encontrar la locura, verla cara a cara; sólo flirtear con ella, jugar con su patito de hule, chapotear en su bañadera… No voy a caminar sobre las huellas de otra soñadora… (26-11)


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Pactos de silencio. Yo no existo, tú no existes. No estás en mi vida, y yo tampoco puedo ser parte de tu círculo. Giramos sobre las puntas de nuestros pies, pero nunca en círculos… es nuestro trato, una tregua que sólo vos y yo conocemos. Nos hablamos aunque nadie más escuche el sonido de nuestras voces. (26-11)



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Noche de gualichos, de viento arremolinado y truenos. Noche para convertirse en loba y salir a recorrer las calles, sin cansancio, sin máscaras, sin pies lastimados. Soñé encontrarte en una noche así: mirarte a los ojos y hacerte saber que el animal que se escondía en mí está ahora más vivo que nunca. El fantasma gato vuelve una y otra vez a renacer, con cada tormenta. (27-11)

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Imposible disimular. Otro gualicho que funcionó: te desaté de mí, y te fuiste volando como un cuervo en medio de la tormenta. No es como antes, Algo se rompió. Tu mar, nuestro mar ya está en calma, no volveré a navegar tus olas huracanadas. Adiós, mar azul… (25-11)



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Intoxicarse con insecticida en una habitación cerrada. Mosquitos y cucarachas. Asco del mundo, asco de mí, asco de las relaciones enfermizas. Asco, náuseas, un poco de alcohol por favor. Qué hay? Hay ganas de exorcismo autodestructivo. Hay goma espuma por todos lados. Hay aguarrás y huellas digitales. Manchas, manchas y más manchas. Tapan otras manchas escarlata. Suciedad, pureza desgastada y vieja, usada miles de veces, la misma máscara. Ya no sirve, es hora de cambiarla. (20-11)

viernes, 7 de noviembre de 2008

Una salvación posible

Otra conversación bizarra. 8 de octubre 2008

A-Y si el pasado nos persigue para siempre? Y si no podemos mutar?
B-Entonces, querida, podrías sentirte libre para llorar o dejarte tragar por la tierra. Pero no es así… No puede ser así…
A-Entonces enseñáme a sacarme de encima a la persona que soy y que ya no quiero ser.
B-En cuanto acabe de lidiar conmigo mismo… (en realidad, creo que ya no te sirvo). Pero quién te dice que este berrinche tuyo no es más que un mal sabor fugaz en esa vidita tuya.
A-No lo siento así. Algo se rompió, ya no creo en nada ni en nadie. Vivo por inercia… Todos son posibles enemigos…
B-Si ya no crees en nada ni nadie, entonces estas lista para comenzar de nuevo y tratar de darle al mundo la forma que te apetezca. O podés dejarlo así, incorpóreo, y flotar a la deriva durante una eternidad de algunas semanas. Y sí, todos somos posibles enemigos, siempre.
A-No quiero que mi mundo sea así… es tan horrible no creer que hay una salvación posible…
B-Horrible? No lo se. Yo pienso que creer que estamos perdidos es mejor todavía que simplemente no saber, algo que me es insoportable. Con conversaciones como ésta pienso que algún día te voy a ofrecer que nos matemos juntos.
A-Sí, pero después de los cuarenta. La vida sin belleza no es interesante… No tendríamos nada para destruir.
B-Si tú lo dices…

Pequeñas vergüenzas diarias


Marcadores kármicos. Viajes a la noche que causan caos emocional. Un pseudo-triángulo amoroso, palabras coaguladas. Caminar tomados de la mano, entender porqué nunca podría mirarte de otra manera, ni vos a mí. La teoría de la hermanita, los agujeros, viajes en bondi y el tiempo que gira en redondo. Como nosotros, que no paramos nunca, y por eso nunca nos encontramos en los ojos. (1-11)


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Yacer en los brazos de un amor postrado y moribundo. Caer en un entresueño químico de alucinaciones horroríficas. Sentirse morir. Sentirte morir. Sentir cómo se te escapa la vida. Encontrarme a mí. Desnuda en mi cama, sangrando otra vez… Chorros de tinta y manchas por todos lados. La música lentamente llena mis oídos, llevándose mi ánima. A nivel del piso sin poder levantar este cuerpo que me pesa más de lo que debería. (20-10/ 24-10)


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(30-9) Aquello que juramos no hacer se está volviendo incontenible e incontrolable, represa a punto de quebrarse, en los baños y en las plazas. Sigue creciendo con cada mirada, con cada golpe de espada, con cada derramamiento de sangre se hincha y agranda y desborda, ruido en decibeles insoportables para el oído humano, tu voz en mi cabeza. No puedo sentir otra cosa acercándose a mí más que tus pasos (pies que cantan la historia de nuestro encuentro).


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Tengo la imperiosa necesidad de tomar algo tuyo, algo que sientas como propio pero que esté a mi alcance, una canción, un libro, palabras que te persiguen y hacerlas mías, ensuciarlas con mi huella, mi imagen, moldearlas para darles un nuevo sentido, para que no puedas escucharlas sin pensar en mí, dejarles una mancha imborrable… Para que te torturen eternamente. (24-9)


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Perdiendo el rastro del plan que creí tener, del deseo que me atormentaba, ya no más… Ya no más mutilación, ni silencio: las bombas caen a cada minuto, ensordecedores estallidos de ira y violencia dirigida hacia el exterior, catarsis impulsiva, impetuoso instinto liberador. Adaptabilidad extrema a un medio hostil. A cada paso un grito, a cada suspiro un golpe. Sacando de mi alma la sangre innecesaria, sobrante, las mentiras piadosas, las miradas de lujuria, la suciedad y el pegote de estar consciente todo el tiempo. Sabía que era asqueroso, pero tenía que saber cómo era, probar un pedazo de la realidad de Horacio, del pánico de la costumbre, dejar de vivir en el sueño… Perder el rumbo, para descifrar si ahí estaba mi camino… (24-9)


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(16-9) Quiero mi libertad. Volver al rojo y a mí, a la que era antes de tener otro alma pegada, antes de conocer otros ojos, antes de contaminar lo que era y que jamás podré recuperar… (aunque me haya arrojado de cabeza al abismo).




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Quiero, mujer
Hundirme en tu profundidad
Que cierres tus ojos para
Sentir mis manos
Hundiéndose en tu sexo
Tu deseo húmedo hasta
Gritar el placer que te doy.

(8-9)

Quince líneas y un paréntesis.


Solía ser como Penélope.

Reír de los fantasmas del pasado.

Siempre fuiste una belleza.

Que se te prenda fuego el corazón.

Un cuerpo vacío de significado.

Ésas que solíamos ser ya no existen.

Disparador peligroso: te hice feliz en algún momento?

No confiar en mi sangre.

Saber que hoy te vas a acostar pensando en mí.

Miedo de lo que pudo haber sido.

Porque olvidas cuánto mal te han hecho.

Hoy mi corazón está turbado.

Ojala pudiera sincerarme con vos.

Recuperar lo perdido es imposible.

Fatalmente ligada a mi destino.

(Extrañar la ilusión de una persona. Un pacto roto en miles de pedacitos, pequeñas escenas tortuosas que aún llevo a flor de piel. Extrañar la forma en que bailábamos).




Escrito entre el 2-11 y el 5-11-08

Más allá. Capítulo 2


Lo que siguió a esa tarde fue completamente natural. Ella perdió la vergüenza de a poco, dejó de usar tantas ropas negras –sus colegas le decían “la viudita”- y las reemplazó por otras, rojas, blancas, verdes, faldas informales, remeras con dibujos. Su transformación era notable y sin embargo escondía, a cualquiera que le preguntase, las verdaderas causas de su cambio. No se sentía lista todavía para abrir sus sentimientos al mundo, y sin embargo se despertaba cada día con un solo pensamiento: se estaba enamorando, lentamente, y se dispuso a disfrutar cada segundo del proceso. Algunas cosas jamás se moverían. Quería hacer de éste un amor cuidado, maduro; la impulsividad de la adolescencia había quedado atrás hacía mucho tiempo, y la posibilidad de encontrar una mujer con quien compartir la vida la llenaba de entusiasmo. Sería ésta la oportunidad tan esperada?
Nunca se había preocupado tanto por otra persona. Sus amores habían sido fugaces, impulsivos y llenos de confusiones que sólo le causaron miedo y dolor. Ahora sentía, presentía que ella era distinta, que estaba lista para arriesgarse, para hablar en serio por primera vez. Se miró al espejo, comprobó que su vestido nuevo combinara con los zapatos que compró para esa noche. La flaca llegaría en veinte minutos, se habían prometido no hablar de nada serio en el camino al restaurant, querían olvidarse del mundo por un rato, cenar y postre, nada de bailes: ella buscaba la tranquilidad de un abrazo. Seis meses exactos desde el primer café, recordar los nervios y las palabras en voz baja, la flaca que se reía cada vez que ella enrojecía de vergüenza, “pero no, muñeca, si esos ojos brillan tanto, no los cierres nunca…”. Le devolvió el cumplido con una caricia, llegó la hora de pedir la cuenta y salir, caminar por la ciudad iluminada.
-Dónde podemos ir a ver las estrellas?- preguntó ella. Sólo deseaba retardar el adiós, retener a su lado esos labios que ya sentía suyos (era amor? Ya podía decirlo de esa manera?)
-Bueno… hay un lugar cerca, un parque…-. La flaca la miró extrañada, y luego entendió. La tomó de la mano, y llegaron al lugar cerca de la medianoche. Encontraron un banco y juntas se quedaron ahí abrazadas, mirando al cielo en silencio. Ella esperó por una estrella fugaz para entregarle su deseo, pero no encontró ninguna, y decidió rogarle a todas que cuidaran éste recién nacido amor que llevaba sobre su pecho, y que se había convertido en la razón para levantarse cada mañana.
Estaba inquieta. No quería perder el momento, arruinarlo hablando: pero eso que sentía se le iba a explotar entre las manos si no se desahogaba. Y qué mejor situación para hacerlo que ésa? Demasiada cursilería, se dijo. Pero se detuvo de repente al ver que la flaca la miraba extasiada: ella había estado gesticulando sin darse cuenta, mientras la observaban con una sonrisa burlona apenas esbozada.
-Porqué me mirás así?-
-Estabas hablándote sola, y haciendo caras…-
-Lo sé, es que tengo que decirte algo.-
-No me asustes, muñeca. ¿Pasa algo?. ¿Hay algo que te moleste?-. Semejante anuncio la dejó perpleja: no sabía qué esperar.
-No… es que… desde hace un tiempo que…-
Ella hablaba muy poco, y la flaca esperó a que terminara la frase. Sabía que no podía presionarla, que a ella las palabras le salían en los últimos segundos antes de estallar, a chorros, como un géiser; lo mejor era dejarla ordenarse y ser paciente.
-Sabés que no me gustan las etiquetas, que nunca hablamos de una relación seria pero, yo te amo…-
Jamás se lo dijo a otra mujer, y por un momento le ganó el pánico. Pero la sonrisa de la flaca y los besos con los que le cubrió la cara le hicieron comprender cuánto valían las palabras que acababa de pronunciar. Sintió en el corazón una tibieza líquida, como si la envolviera una ola de un mar de verano.
-Yo también te amo.-
Lo entendió. Era feliz junto a ella, y ya podía dar el siguiente paso.


Escrito 22-10-08

Exorcismo


Anoche me robé una mujer, y la destrocé en mil pedazos. Me robé su pelo, sus manos, sus dientes y sus piernas. Con una mirada logré que me siguiera. El resto fue fácil. La encerré entre mis brazos, bebí de su miel; la agoté en todas sus fuentes. Tendida y sin vida la abandoné, dejándola a merced del viento. De nada servía atar mi cinta negra a sus muñecas: ella era una gata antes de conocerme, y lo seguiría siendo mucho después. Me reconocí en su rostro cubierto de lágrimas, sus heridas eran las mías, sus pies eran mi sombra. Esa sumisión, esa espera habían sido mías alguna vez, y ahora me asqueaba contemplarlas, saborearlas con mis ojos. Algo en ella me decía que era imposible alcanzarla, que su verdad estaba mucho más allá de la mía, en donde el sentimiento no puede razonarse. Y en un arrebato de furia contra mi propia impotencia -era incapaz de darle otra cosa que no fuera dolor- la golpeé con todas mis fuerzas, alejándola, arrancándola de mi lado. Pero sus marcas ya estaban clavadas en mí, y aunque intenté lavarlas, taparlas con otras manos, no pude quitármelas de encima. Por eso tuve que sangrarlas, intentando olvidar esa noche en que fui dueña de su alma sólo para degollarla con mis propias manos, inútil imitación de una suavidad que nunca podré recuperar.


Escrito 23-10-08

sábado, 18 de octubre de 2008

I just felt like destroying something beautiful...

Estoy harta de la gente que no mide sus palabras, ni el daño que pueden causar con ellas. Les tienen tan poco respeto, las usan y las ensucian sin pensar, las convierten en prostitutas de sus labios, sin códigos ni honor… No tienen idea de lo que significa una palabra hiriente… usan insultos vacíos de significado, en lugar de buscar ésa palabra que saca lo peor de cada uno, ése lugar gramatical que desborda la presa que hay detrás de los ojos, ésas letras que mortifican más que una humillación pública…
Las palabras no existen para ser tratadas así… Hay que mimarlas, cuidarlas, darles un trasfondo positivo, jamás negativo… Porque no nacieron para herir, sino para unirnos… Para armar puentes… Para alcanzar lo inalcanzable en el otro…

Y a la vez nos crean distancias insalvables. Dualidad insoportable.

Demencia


Enloquecer… enloquecer de locura… enloquecer de vida sin oxígeno, enloquecer de vida sin amor, sin abrazos. Enloquecer de belleza, de ahogo sinrazón, de ganas de besarte. Enloquecer de estornudos incontrolables, de garrapatas en la garganta, de miradas inolvidables. Enloquecer de dolor y de furia ante la pérdida, la injusticia y la crueldad. Enloquecer de rutina pasiva, comodidad agresiva, susurros violentos. Enloquecer de placer, de ambición y de pelos de gato. Enloquecer de sed, de palabras y de sangre. Enloquecer en la juventud y en la vejez, de conocimiento y de emoción. Enloquecer. Perder el sentido común, la razón, dejar de contener el maremoto de pensamientos atrapados en tu red en tu océano. Perder. Dejarse ganar, dejarse llevar por la marea, las olas tibias. Dejarse hundir… y acabar.

Más allá. Capítulo 1


Ella la conoció un día frío de julio, de ésos que congelan la nariz. Absorta en el diario, levantó la cabeza y la vio: una morocha flaquita, tan flaquita que sus rasgos se le antojaron un tanto andróginos; la mandíbula marcada, los ojos grandes.
-Hola.
-Hola- le respondió la flaca, sonriendo. –Tenés fibrones verdes?
-Sí- contestó, ella nerviosa, sentía que se le enrojecían los pómulos. –Son dos cincuenta- y mientras se lo alcanzaba notó que la flaca tampoco podía mirarla fijo, la torpeza de las manos en la billetera.
Ese día no se dijeron nada; tampoco al siguiente, ni al otro. Tomó un tiempo que se animaran a mirarse sin vergüenza, a dirigirse palabras en un rápido cruce de ojos. Si hubiese sido por ella, jamás hubiera abierto la boca. Pero la flaca no aguantó más y se animó. La esperó un día a la salida para invitarla a tomar un café, té, lo que gustara. Ella temblaba de los nervios, pensando que podía no gustarle su camisa, su forma pausada de hablar, el maquillaje oscuro. Pero la flaca se portó tan bien, casi como un caballero: hablaron de la vida, el trabajo, los libros en común. Ni se mencionaron lo más importante, eso que las dos escondían y que en medio de un café hubiera abierto una brecha innecesaria, un momento incómodo. No hacía falta expresar el deseo, los gestos decían todo, y ellas sabían que estaba ahí, esperando.
A medida que pasaron los días y los cafés en el bar de la esquina, algo empezó a cambiar en ella, estaba contenta, feliz por nada, sonreía en la calle, se le salía la primavera por los poros. Había encontrado a su cómplice en silencio, alguien con quien hablar y ser ella sin necesidad de gritar su secreto. Cuando le sonreía, se sentía entendida y segura.
Hasta que el verano trajo el calor, el viento tibio y la lluvia, y llena de sentimientos que la abrumaban, ella se animó a hablar. La flaca la estaba esperando afuera como siempre, con sus zapatillas rojas, el jean rotoso y el pelo desordenado.
-Querés venir a mi casa?-. La pregunta se le escapó en un susurro, temerosa de la respuesta, casi como pidiendo permiso para hacer ruido. La flaca sonrió, y al ver la ansiedad en los ojos de ella le preguntó:
-Estás segura?-.
Ella asintió sin pensarlo, sin acordarse de los reparos que había puesto hasta ese momento, del miedo que la había atormentado al soñar con esa pregunta. Caminaron juntas, sólo eran un par de cuadras, hablando del calor y las prontas vacaciones. La flaca se rió cuando ella creyó haber perdido la llave mientras le temblaban las manos que revolvían el bolso.
-Pasá, sentite como en tu casa-. La invitó a recorrer el lugar, pequeño y cómodo, mientras le convidaba un mate dulce, tan dulce porque a ella se le cayó el azúcar. Se excusó, escuchó que la llamaban distraída en una risa ahogada, una risa que intentaba arrancarla de su estado nervioso. Ella mantuvo la distancia formal, el espacio entre los cuerpos, para evitar cualquier choque o roce. Pero cuando se tiraron en el sillón (el mate en el medio) supieron que no podían escapar de lo inevitable, ella le quiso mostrar unos libros y la flaca le dijo que no se fuera, que se quedara en el sillón con ella, que se los mostraba después. Ella sintió la mirada de la flaca en su boca, en su cuello, recorriéndola, y no se atrevió a devolvérsela (aunque lo deseaba, aunque anhelaba encontrar un gesto que correspondiera a tantos meses de consumaciones tácitas.)
La flaca, tan caballerosa como siempre, se limitó a contemplarla sin acercarse un centímetro. Ella dudaba. Si se atrevieron hasta ese punto, porqué no seguir?. Tantos cafés y té en la esquina, habían llegado a conocerse bastante bien; hasta había fantaseado con rozar sus labios sobre la piel morena de la flaca, tan tentadora, tan cercana. Pero… Pero… Algo la frenaba, algo le decía que estaba sintiendo demasiado, que su corazón iba a estallar.
-Tenés miedo?- sintió que le preguntaban, y su cara respondió por ella. Sólo es cuestión de animarse, se dijo. Tomó la mano izquierda de la flaca y se la llevó al corazón. Aún no quería mirarla a los ojos, aún no. Pero la flaca movió la mano hacia su barbilla, y la obligó a levantar la cara.
-Muñeca, le dijo, yo siento lo mismo que vos. También tengo miedo.
El silencio que siguió les cortó las gargantas, y ya no pudieron decir nada más.

martes, 26 de agosto de 2008

Dónde está el límite?

Una conversación a medianoche. Esto no es ficción.. Empiezo con las excepciones...

a: Elegi una: tormenta, caos o ruido?
b: Caos.Qué es esto?
a: Necesito un poco de orden en mi vida. Tu energìa opuesta a la mía me ayuda a organizar el universo.
b: Creo que lo último que podría darte a vos es orden (lo sabés, sabés porqué), igual, desconfío que vos busques orden en tu vida, después de todo... No sos vos la que está a favor de la búsqueda del kibbutz?
a: Sí! Pero dónde carajo está el límite? Hace años que lo busco. Necesito tener una línea que seguir al menos!
b: Pensè que lo habías encontrado d algún modo en eso que llamamos "amor", o estabas equivocada, o me mentiste...
a:Te dije que no se puede trascender a través de otros! Está en mi, el tema es cómo encontrarlo. Hay días que no lo siento...
b: Quizà (especulo) haya que dejar de buscarlo y pensar cómo hallarlo y simplemente obrar. Aunque espero que no sea así, porque de serlo, entonces estoy acabado. Por cierto, ya va la segunda vez que me sueño a mi mismo envuelto en llamas.
a: Renaciendo como el fénix? Todos estamos jodidos, los conscientes y los que no.
b: No, más bien quemándome. Y si, estamos jodidos, pero no lo digas así, yo soy el pesimista acá. Vos tenés que ser la que me haga olvidar todo lo horrible de este mundo por un rato. Lo que me recuerda, te necesito.
a: Hoy no. Hoy estoy en ese punto en el que te encuentro. Te dije que algo andaba mal... Mañana hablamos si?
b: Ultimamente tu programa, el mío y el de nuestro mundo anda mal. No te preocupes. Podemos solucionarlo (provisoriamente). Dormite.
a: Sòlo si Dios tiene una línea de ayuda al cliente... Que duermas bien. Ta mañana.

viernes, 8 de agosto de 2008

Sombras


Sombras. Sombras que nos definen, nos marcan y posicionan. Sombras de contraste, de objetos y de personas, inmóviles y con vida propia. Sombras que son proyecciones de contornos, llenos o vacíos, de cuerpos que las ignoran, las pisan, las maltratan, las olvidan. Sombras desdichadas, desdeñadas, pasan inadvertidas en las calles, en los puentes, en los ojos de la multitud que camina. Pero los reflejos (pero) espejos entonces admirados, buscados y caras y colores y Narciso. Reflejos en el agua de un charquito, en los vidrios, en las ventanillas de los autos. Las sombras negras odian a los reflejos, de pura envidia, de saberse observados, mimados y hasta deseados. Los desprecian, y se los hacen saber interponiéndose en su camino cada vez que pueden. Los reflejos las ignoran, inconscientes de la ira que provocan; sólo pueden deleitarse unos instantes antes de desaparecer, concentrados en acicalarse y ajenos a la oscuridad que los acecha a la vuelta de cada callejón sin salida, sin luz solar que los haga renacer.


Escrito el 6/8/08.


Estamos haciendo literatura under =)

miércoles, 6 de agosto de 2008

Máscaras


Hay ciertas cosas que no voy a soportar. Hay lugares que no puedo visitar, situaciones que me descolocan por completo, caras que me asustan, máscaras que necesito. Dejáme seguir jugando, que mientras el juego sea juego no tenés nada de qué preocuparte. Sólo es parte de mi ilusión, mágica visión engañosa… luces y humo, cortinas de teatrales dramas imaginarios. El personaje que creé para mi es tan hermoso como el tuyo: una niña seductora, eterna femme enfant atrapada en su inocente cuerpo sin desarrollar, incapaz de hacer otra cosa que no sea jugar, provocando miradas lascivas y pervertidas, mientras se envuelve en vestidos de seda y cintas de terciopelo. Incapaz de crecer, de pensarse adulta, de salir del cascarón que protege su frágil cuerpo de la más suave brisa de verano. Encajes blancos la atan a un lecho rodeado de misteriosos felinos y de tules que sólo logran dar a la escena un efecto extrañamente infantil y sensual al mismo tiempo.
Y vos, la androginia encarnada, perfecta imagen del ser que siempre quise ser, del espíritu que deseé poseer. Pequeño, sin formas definidas, capaz de confundir al ojo más avezado, un ente intermedio, y entonces capaz de no estar en ningún lado y por consiguiente en todos a las vez. Pasaje perfecto entre lo mundano y lo onírico, un puente entre las partes que conviven en tu forma de moverte entre la gente. Bloqueás y abrís puertas a tu antojo. Tu palidez, la profundidad de tu mirada gris que se clava como un dardo filoso en donde se posa. La suavidad casi etérea con la que te deslizás sin causar un solo sonido que demuestre tu presencia.
Todo lo que te rodea me fascina y me hechiza, dejándome absorta ante tus cuestionamientos constantes, ante la calma de tu boca, el roce de la piel y tu compañía, placentera y silenciosa, calma ansiada en medio de la tormenta.



Anotaciones: Este escrito es la segunda parte, la primera parte por ahora no la puedo subir pero ya la van a encontrar enterita y completa, por ahora...

martes, 5 de agosto de 2008

La memoria de los objetos


Dejé una parte de mí en cada habitación de esa casa: mis huellas todavía están frescas, y sé que algunas veces te detienes a mirarlas cuando se te revelan, en medio de la noche, entre sueños. Las marcas de mis manos en los picaportes de las puertas, en las manijas de las sartenes, en las canillas del baño. En las decoraciones que arreglé, los regalos que te di, la vajilla que compramos entre las dos. Incluso los cambios que nunca llegamos a concretar, la pared amarilla, la cortina nueva, el cambio de muebles. Todo, absolutamente todo en esa casa tiene una parte de mi pasado pegado, adosado, envuelto en un paño invisible que los rodea, los atraviesa y también los liga a mí por medio de estas líneas grises que salen de mis brazos. Las hace brillar, energeia luminosa de un estado mental elevado, donde los elementos se vuelven nombres sin materia, figuras representativas sin masa. Cuadros sin trasfondo, simplemente testaferros de la historia, imborrables escenarios teatrales que actuamos con tanta habilidad desbordante de impulsos. Las impresiones de mí en los muros, las puertas, cada lugar en donde me apoyé, mi contorno creado por la luz del sol en el patio. Sé que las seguís viendo… Sé que no cayeron en el olvido, que las seguís trayendo a tus ojos (tus ojos negros) cuando me presentís ahí, cuando mi energía no es opacada por tu ceguera, cuando la melancolía te invade, la misma que me causa ese agujero azul cuando te veo. El agujero de la tristeza de no encontrarte en mi vida. El mismo que te confunde al dormir creando la ilusión de mi cuerpo en la huella del otro lado de tu cama y chocarte allí con otro cuerpo, con otra forma de alma que no es la mía… porque el espectro de mí te sigue rondando, aunque la piel se haya alejado hace meses -que parecen años- y el sentimiento se haya ido con ella.


Escrito el 18 de julio de 2008

lunes, 4 de agosto de 2008

Imitación

“La paranoia, supongo, de imaginarla tan cerca y tan lejos a la vez, 2 meses de ausencia y cartas nunca enviadas. Pero cómo podía explicarle todo lo que había pasado en esos 2 meses, los libros y el asco que ahora me daba hablar del clima, la cena, el vecino muerto de leucemia. Decirle, sin esperar, decirle que prefería pasar las horas en silencio y en compañía de mi alma, antes que la costumbre se metiera por el agujero de la cerradura al mismo tiempo que llegaban los parientes ruidosos, qué calor terrible que hace y porqué no se compra un ventilador de techo. Todo eso ya no tenía sentido, había escuchado una y otra vez la misma conversación tejida en diferentes combinaciones de palabras; jamás podría explicártelo, querida, vos vivís de esos juegos, pensarías que divago y le echarías la culpa a la soledad y la falta de trabajo. Y yo me quedaría mirándote, absorta en algún detalle de tu expresión, tantas semanas sin verte, tantos días de no dormir a tu lado. Finalmente estaremos despegadas, sin saber qué hacer con los recuerdos y las cartas (jamás enviadas), nos iremos a pasear al centro o a tomar mate en alguna plaza, pretenderé seguirte el juego, distraída entre las hojas de un naranjo que ya no da frutos, y todo será igual que antes; tocarse sin acercarse, hacer el amor sin acercarse, acariciar la piel sin acercarse.”



Escrito principio 2007

Por favor no me pises las constelaciones....


En los días en que siento que voy a estallar, cuando quiero mi soledad y escaparme un ratito de mi piel... Esos días en que todo se me escapa, la noche es mía, y el agujero latente amenaza con quebrar algo ahí adentro (un no se qué de comida, bolas de pelos, y la memoria imborrable). Cuando una hora de aislamiento se hace totalmente necesaria para ordenar, analizar y descartar las frases y fotos del día, saborear un minuto más de esa caricia que me regalaron PERO SOLO PARA MÍ, EN LA OSCURIDAD DE MIS PASILLOS, donde las paredes son líquidas y es preciso tocar, oler, lamer y oír pero jamás ver, porque soy llevada por una extraña fuerza, guiada por ese sentimiento que nace de un sueño, de los sueños de muchas noches interrumpidas,invadidas por los rostros, la tierra, la enormidad del todo y la red que nos conecta y se funde en lo etéreo eternamente, etéreamente eterno... intangible levedad que me persigue...

Esto es sólo otro disfraz (de nena perversa)


Escrito el 24/05/07

Violencia psicológica


Enrudoblar el pelo
Nervios.
Picazón en la espalda.
Miradas que marcan tensión.
Sueños violentos
Gatos y perros
Buscar apoyo y redes
El destino torcido
Acelerar el pago karmático
Cuerpo físico sin cumplir
Ella no me cree
Avanzar, avanzo, avanzas
Perderse entre la niebla
Buscar revancha inûtil
El olvido
Pedirle a la luna
Pálida lividez etérea
El caballero en armadura
Idioma extraño
Tiempo perdido en juegos
Ya no hay más
Te rechazo, insulto

Las humillaciones sufridas
Dos direcciones
Seguir confiando a pesar de
Frasirosas mentes
Pisar territorio enemigo
Huelga de idiotas
Desayunáte, té con leche
Noche de fiesta desenfrenada
Miedo a dormir sola
Ella no quiere oír
Las tareas cotidianas
Lejana, fría, cruel
Presente en la ausencia
Pasado en futuro
Ordenarme ordenando
Imagen fuera de foco, blurry
Oscuros campos descalzos
Vestidos de dama
Creando espacios imaginarios
Me niego
Ya no más.


Escrito el 13/05/08

Más allá del nivel del mar


En las alturas no hay piquetes. En las terrazas de los edificios, las copas de los árboles jamás hay tránsito; se respira mejor. El ruido se convierte en algo lejano, algo que puede olvidarse, que puede soltarse al viento para que se lo lleve. Desde un noveno piso es más fácil entrar en trance, olvidar que los pies están arraigados a la tierra, sentirse emparentado con los pájaros. Soñar con la libertad del cuerpo, esta piedra barrosa que sólo sirve para contener el alma; soñar con una elevación etérea y eterna.(Aunque desde esa altura también es es más fácil sentirse tentado a tirarse súbitamente al abismo).

Quién es Pazchi?


Bienvenidos a mi blog. Harta de luchar contra el fotolog maldito que se llevaba mis escritos, decidí pasarme a un lugar más seguro.

Todavía no se me ocurre qué contarles, así que por ahora me dedicaré al diseño, luego veré los contenidos.

los saluda Atte,
Pazchi